¿Qué les voy a contar que ustedes ya no sepan? Este escrito va dirigido a que comprendan y compartan las tradiciones familiares. En mi familia, por ejemplo, hay tradición de buen comer, de hablar alto y otras virtudes, andalucistas o no, que nos proporcionan ese puntito identitario que tan importante nos parece en nuestro día a día. Así, por que sí.
No seré yo el que critique lo que ocurra en casa ajena, sea cual sea el apellido de su cabeza de familia. Sea Rodríguez, Fernández, Gutiérrez... Pero, ¿y los Borbones? ¿Hay legitimidad para criticar a esta estirpe natural de Francia que ocupa nuestra jefatura de estado desde el siglo XVIII? ¿Es la Casa Real justa receptora de las críticas que puedan dimanar de sus acciones, actitud o modelo de vida?
Vamos a echarle un ojo a nuestra carta magna:
1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado Español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las Leyes.
Según este artículo de nuestra Constitución, redactada y aprobada por amplio referéndum el año 1978, el rey es nuestro jefe de estado, el cual nos representa fuera de nuestro país, y es símbolo de unidad nacional. Por lo tanto, un señor que nos representa allá por donde va y que es símbolo de nuestra soberanía, es sujeto de toda clase de crítica, opinión y deseo de cambio de aquellos que son sus representados, es decir, el pueblo español, libre e independiente. Por consiguiente, su familia, al poseer similares derechos y parecidas obligaciones, está implicada en este juego llamado democracia.
Muy bien. Ahora que he justificado mi ataque sin miramientos a la Corona, hagamos carne y morcillas de sangre azul, en el sentido metafórico del término, no piensen mal. Con Froilán y su padre quebrantando la ley al manipular un arma siendo el infante menor a la edad mínima establecida en la ley. Con Don Juan Carlos de Borbón jugando al Call of Duty: Elephan Hunting in Africa, con el yerno practicando Monopoly en Mallorca, con las hijas enchufadas en empresas como Mapfre y La Caixa... ¿Qué podemos pensar de todo esto?
La explicación es fácil. Junte usted dos primos y el hijo probablemente les salga bobo, hágalo durante siglos y tendrá una Casa Real. De donde no hay, es sumamente complicado sacar. Y si a esto unimos la tradición de expolio, asesinatos, guerras y demás que llenan la historia de nuestra querida Familia Real, ¿a alguien le extraña?
No voy a explicar nada más, ni haré patente ni opinión más de lo que ya la he hecho, no merece la pena, lo que haré será plantear una pregunta, y que cada uno mentalmente la piense y luego la exprese:
¿NOS MERECEMOS ESTA FAMILIA REAL QUE NOS REPRESENTA?
Alejandro Manzaneque
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