25 abr 2012

Desigualdades sexuales anacrónicas

Muchos son los que han intentado dar respuesta a la pregunta de por que aún hoy, en el siglo XXI, en esta sociedad postindustrial, el género parte como idea principal de diferenciación dentro de nuestra especie. Creo que nadie hasta ahora se ha remontado atrás en el tiempo lo suficiente como para darle una base sólida, por ello, intentaré retrotraerme al origen del ser humano y su organización.

Para mi, y lo voy a decir de forma muy directa, la cagamos en el momento en que organizamos el primer grupo de caza. Me explico. En aquel momento se primaron aspectos como la protección a las hembras potencialmente lactantes, las que podían dar a luz, creando un grupo sobreprotegido cuya única utilidad es la de parir y criar nuevos sujetos. Por contra, las expediciones estaban formadas por los hombres, los especímenes más vigorosos de entre el género masculino. Quedan creados así dos raseros: el que caza y la que cría, con una gran importancia de los artículos determinados que preceden a la acción. Pensemos que, en la ignorancia del hombre primitivo, estos aspectos carecían de importancia, y que tal diferenciación se tomó de manera posterior. Recapacitemos en el regreso de estos primigenios cazadores: Armados y cargados de alimento para la tribu, habían adquirido el poder de decisión sobre la vida y la muerte de sus congéneres (llámenlo empresario en un capitalismo primitivo). Ahí tenemos el estamento superior y su consiguiente separación entre poseídos y poseedores, amos y esclavos. Cuestión de supervivencia. El problema viene cuando estas costumbres se trasladan en el tiempo, y convertimos esos amos y esclavos en proletarios y empresarios.

La clave está en por que este modelo de patriarcado ha calado de tal manera que nuestro modelo económico, capitalista y postindustrial, se estructura de tal manera. La respuesta parece clara, el peso de la tradición es demasiado grande para cambiar dichos automatismos, por muy anticuados e inútiles que parezcan. A nadie se le ocurre que un hombre no pueda hacer el mismo trabajo que una mujer, y viceversa. Personas, si nos quitamos todas las prendas y prejuicios es lo que somos, personas. Modelo equitativo, ni machismo ni feminismo, dejémonos de extremismos, defendamos como sistema la igualdad de oportunidades en función de nuestras capacidades, de nuestro potencial a la hora de ocupar un puesto de trabajo., por el bien de nuestra fábrica única. Pónganle a esta tesis el nombre que quieran, no nace de una ideología, si no del posicionamiento natural en torno a los errores de una sociedad equivocada, y el esfuerzo por subsanar dichos problemas. Sea usted luego de derechas o de izquierdas, republicano o monárquico, pero nunca olvide el principio de justicia y de respeto que debe regirnos a todos, hombres y mujeres, seres humanos.

Alejandro Manzaneque


No hay comentarios:

Publicar un comentario