Hoy, en una charla amistosa con queridísimo amigo Fernando Hortal, discurríamos entorno a la idea de en que ocasiones el fin justificaba los medios. Casi sin querer, o queriendo por nuestra naturaleza socialista, hemos acabado hablando de temas de candente actualidad como la educación, o la conciencia social. Todo está conectado amigos, y es que es así, la educación del presente tiene sus ecos en la ignorancia de la eternidad.
Las bases de la sociedad están en su educación, desde la más temprana edad. Debemos educar individuos sanos, coherentes, inteligentes y con sentido propio, seres íntegros, y no gilipollas integrales como alguno que yo conozco. Personalmente, desde que iba al jardín de infancia, me han inculcado reglas de estudio incorrectas, desfasadas, como un intento de adoctrinamiento, quizás por lo anticuado del método o del entorno, ya que vengo de un colegio de ''curillas arrepentidos'', más fachas que el águila. Es cierto, a la derecha le interesa crear borregos, dado que en estos borregos se sustenta su poder. Es un intento de retorno al turnismo, al ''aquí no pasa nada'', al ''todo para el pueblo, pero sin el pueblo''. Gracias a Clint Eastwood, la camarilla facciosa temerosa del hombre más duro del oeste comete errores, he aquí un rojo republicano empedernido que lo demuestra.
Tenemos a un tercer estado que en masa vota a la derecha, que menos en masa acepta el cuchillo en su propio estómago que supone el reajuste económico que estamos viviendo, pero lo acepta. Síntomas de un país de borregos. Un banquero-político que cobra miles de euros al mes, que nos pide encarecidamente que hagamos un esfuerzo, que nos apretemos el cinturón, mientras a el, cada mañana, le llevan el brandy y el purito a su sofá, mientras ve Intereconomía, y se acuerda de aquellos pobres obreretes que cargan con el peso de su estilo de vida. ¿Qué pasa? No pasa nada.
Esta es mi España, esta España mía, esta España nuestra. País ignorante políticamente, que tolera su progresivo empobrecimiento, a costa de mantener el nivel de vida y perdonar los errores de otros. ¡Maldita sea mi estampa! ¡Este es el país que condenó el GAL, guerra sucia contra el terrorismo! ¿Qué miramientos tenemos que tener contra los asesinos? País de borregos. Es una patada en nuestras partes, y lo aceptamos. Si por mi fuera resucitaría el GAL para luchar contra los terroristas de ventanilla, los de los bancos, los de los lujosos despachos, asaltaría cada sucursal, ocuparía cada campo, y liberaría a este país estabulado y controlado mentalmente por el péndulo himnótico de la derecha.
¿Pero quién soy yo? Un estudiante, un infeliz que no aguanta el invierno por no ver los árboles verdes, que necesita bañarse en sol y en lluvia para ser persona. La misma persona que vive por esa mujer, con unos ideales políticos bien definidos, capaz de derramar cada gota de sangre y de sudor por lo antes expuesto. Ese soy yo, un romántico, el último bastión del romanticismo izquierdista de principios de siglo, en peligro de extinción, un revolucionario.
Alejandro Manzaneque
Después de la charla me he convencido del valor de los medios, debe de ser la influencia indirecta de Camus a través del maestro Savater, pero es que compañero, antes de político soy filosofo, se podría decir que soy político a fuer de filódofo. Salud!
ResponderEliminarHola, holita:
ResponderEliminarComo bloggera mayor del Bahía, tenía que pasarme a ver esto. Por cierto, me gusta la foto de los caballeros de la mesa redonda A Sir Ramiro y a Sir Álvaro se les ve una cara de debate que no se la aguantan. Espero que lo subas pronto.
Yo ya tengo decidido que, en cuanto pueda, me hago un cambio de nacionalidad así que, sin problemas. Te invitaré a pasar unos días conmigo en mi mansión extralujosa de Noruega (que allí tiene pinta de ganarse dinero) y nos tomaremos unas birras juntos. No es el Mia, pero es lo que hay.
Un besazo graaaaaaaande, pero no tanto como tú.
C. Lifante