La izquierda vive en un constante proceso renovador, en un estado permanente de refundación que le permite seguir llamándose precisamente así, izquierda. La clave es el ''progreso'', nos indica el camino, nos guía, evita que nos estanquemos, que entremos en decadencia, o que desaparezcamos. Como parte de esta izquierda progresista me veo obligado cada día a un ejercicio de reflexión que me ha llevado a ciertas conclusiones. Más que una crítica lo consiguiente supone una meditación muy personal sobre a dónde vamos como masa y como individuos, a dónde nos llevan, o mejor dicho, a dónde nos permiten llegar.
¿Qué le pasa al mundo? El simple hecho de encender la televisión nos sirve para comprobarlo. La pequeña pantalla (no tan pequeña en estos últimos años), es el medio más directo del cual proveernos de modelos, en el cual fijarnos para ser, dejar de ser, o cambiar el ser. Me asustan estos modelos. Me asusta creer que hemos crecido corruptos por ciertos ejemplos a evitar, y que las nuevas generaciones lo tienen más crudo.
En mi época existían programas de dudosa calidad, lo admito, por ejemplo Crónicas Marcianas, Tómbola, o un sin fin de programas morbosos que encontraban hueco en las televisiones locales. Aún así, en mi rutina de aquel niño de diez años esto estaba en la lejana frontera de la media noche, allá donde tales monstruos no podían acecharme.
Ahora bien, ¿y hoy en día? Tenemos el despropósito, la falta de valores, la venta de carne humana, el derroche de dignidad a cualquier hora del día, cosa de la cual nos arrepentiremos. No debemos olvidar que tenemos toda una generación creciendo con estos modelos, con estos valores, con esta falta de ética, y habría que recordar en la situación que nos encontramos, y que la formación de esta generación es primordial para el sustento y el futuro de nuestra sociedad.
Lo veo cada día. A pesar de la polémica que puedan causar estas palabras, el ''me voy a pillar el ciego del siglo'' o ''me voy a follar a todo lo que se mueva'' es reflejo de esta falta de valores que tiene su origen donde menos sospechamos. Nadie se ha fijado en el auge del sector de ocio nocturno en nuestro país estos últimos años, ni en su transformación. Nadie ve el chanchullo de EuroVegas, o el PseudoEuroVegas que harán en Tarragona.
Socialismo y amor, o socialismo afectivo. Me da igual lo anticuado que pueda sonar, pero tenemos que controlar esta decadencia, tenemos que volver a confiar en los valores que han formado sociedades sanas, trabajadoras, comprometidas. Hay que ahondar en el diálogo, en la educación, en la igualdad, en el progreso sostenible, ¿por qué no lo hacemos? Yo os lo diré. No lo hacemos porque están convirtiendo a España en la casa de putas de Europa, desde la forma al contenido, delante de nuestras narices y con nuestro ocioso consentimiento, fomentando toda clase de negocios insalubres y decadentes. Sinceramente, conmigo no cuenten, que encima de puta, no voy a poner la cama.
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